Today I feel like a beetle

¿Qué creéis que sentiríais si hoy al levantaros de la cama observarais con amarga atención que en lugar de dos piernas y brazos fuertes y resistentes tuvierais 6 pequeñas patitas tan frágiles como el llanto de un niño? ¿Y si vierais con, si cabe más amargura, que en lugar de tener un manejable abdomen tuvierais un tórax tan rígido e inflexible, pero a la vez tan frágil como una copa de un cristal purísimo? ¿Querríais salir de la cama ese día? ¿Os sentiríais aún humanos?

Hace algo ya de tiempo que leí el libro “La transformación” o “La Metamorfosis” (según la versión) de Kafka, y me hizo reflexionar en que deberíamos y haríamos cada uno si un día al despertar viésemos dicha transformación en nuestro cuerpo. Seguramente, primero de todo, al igual que hace el pobre Samsa, creeríamos que se trata de un sueño, de una maldita pesadilla que parece real. Luego, nos daríamos cuenta de que tal vez la pesadilla se haya hecho realidad, y poco a poco nos haríamos haciéndonos a la idea de que tal vez, de ahora en adelante, deberemos vivir con un cuerpo de insecto. 

Creo que el primer sentimiento que nos vendría a la mente sería el de desesperación. (¡Oh dios mío, voy a tener que vivir con esto toda la vida!). Poco a poco, como si de una verdadera transformación se tratase, nuestro sentimiento de desesperación se transformaría en un sentimiento de soledad. (Nadie me va a querer ahora, nadie me va a querer ver ni hablar en la vida). La sensación de soledad se iría apoderando de nuestro cuerpo hasta poder hacerse con el control de nuestros pensamientos.   

Poco a poco, nuestra mente se estaría autocompadeciendo, pensando que todo el universo ha conspirado para que nos pasara esto.  Este momento de la mañana sería clave para todos nosotros. Algunos irían directos a la desesperación y locura más profundas que hayamos conocido. Otros irían por la vía de tratar de buscarle las cosas buenas a la transformación. Tal vez piensen: ahora voy a poder volar, tal vez pueda andar por las paredes y por el techo.

A veces no es necesario convertirse en un escarabajo para sentir esas sensaciones. A veces basta con mirarte a los ojos y ver en qué te has convertido y en que querías convertirte. Tampoco la metamorfosis tiene que ser individual. Experimentar una metamorfosis interna y/o externa es el símbolo de que algo ha cambiado. Tal vez sea algo para bien, tal vez sea algo para mal. Un cambio es un cambio.

¿Qué hacer cuando cambias? Primero de todo, y lo más importante, es saber que estás experimentando una metamorfosis. Ahora tengo patitas en lugar de dos piernas fuertes. ¿y después? Pues una vez te hayas dado cuenta de que estás cambiando, es cuando tenemos la elección de como va a terminar la transformación. Al bueno de Samsa las cosas no le fueron muy bien, pero por suerte no suele ser habitual despertarse siendo un insecto (o al menos no hay muchos insectos que se hayan quejado de que antes eran humanos). En casos de cambio, muchas veces la indiferencia hace estragos para ser realmente conscientes, véase la situación política en España como ejemplo. Pero a veces, a diferencia del libro de Kafka, una metamorfosis es algo bueno siempre y cuando experimentemos como una destrucción creativa en el sentido Shumpeteriano. Aunque claro, la clave es que la metamorfosis empiece cuando uno quiere, no que cuando nos demos cuenta ya sea demasiado tarde.

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